• La historia del autobús que saltó el puente de Tower Bridge


    Hace muchos años en Londres, un conductor de un autobús de dos pisos de la ruta 78 transportaba pasajeros a través de su trayectoria habitual, todo parecía normal aquel día en su recorrido hasta que llegaron al comienzo del puente de Tower Bridge. 
    Tower bridge - Londres
    En el momento de su construcción, el Tower Bridge era el puente levadizo más largo y sofisticado del mundo (el término "bascule" procede del francés y significa "balancín"). Estos brazos levadizos eran accionados hidráulicamente por enormes máquinas de vapor. La energía se almacenaba en seis acumuladores gigantescos y se utilizaba en cuanto era necesaria para elevar el puente. Los acumuladores alimentaban las máquinas, que levantaban y bajaban los brazos levadizos. A pesar de la complejidad del sistema, los brazos levadizos sólo tardaban cerca de un minuto en elevarse hasta su ángulo máximo de 86 grados. En la actualidad, los brazos levadizos siguen funcionando con energía hidráulica, pero desde 1976 son accionados por petróleo y electricidad, en lugar de vapor. Las máquinas de vapor, los acumuladores y las calderas de vapor originales se exhiben en la exposición del Tower Bridge*.

    Mientras el autobús subía la empinada del puente, el conductor se dio cuenta que la carretera se iba levantando lentamente en frente suyo. El puente se estaba abriendo poco a poco para dar paso a un barco que cruzaba el Támesis;  ya era demasiado tarde para frenar. Las doce toneladas de armatoste podían deslizarse fácilmente evadiendo la resistencia y la presión de las llantas contra el pavimento. Pensar en mirar atrás no estaba permitido, sólo había una opción en ese momento...cruzar el puente.

    El audaz conductor, decidido a  salvar sus pasajeros y guiado por una intuición que lo llevaba a calcular la distancia en relación al peso; lo impulsó corajudamente pisar firmemente el acelerador, en lo que relatan los pasajeros, por  un instante todos sintieron como ese autobús pesado, estaba volando encima de las básculas del Puente de Londres. La sensación tuvo que haber durado unas fracciones de segundos, y probablemente el alivio de aterrizar era lo que ocupaba más la mente de todos los "tripulantes" de ese motorizado.

    Nadie resultó gravemente herido, excepto por Albert Gunter, quien sufrió una fractura en una pierna, pero una orgullosa fractura, ese leve accidente fue el resultado de su audacia y determinación que salvó la vida de sus pasajeros el 30 de diciembre de 1952.
    La historia es verídica y fue publicada en un artículo de la revista Time, el 12 de enero de 1953.


    *Tower Bridge exhibition


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